miércoles, 27 de enero de 2010

Chile y su política exterior con América Latina

En una columna anterior, ya había comentado que en la praxis de las relaciones interestatales, el manejo de la política exterior tiende a sufrir cambios sustantivos. Esta afirmación es mucho más evidente cuando se presenta un cambio importante en la administración del poder político, especialmente cuando hay un recambio en los roles de oficialismo-oposición. Lo que estamos viviendo en Chile, es un claro ejemplo de ello. La Concertación después de haber ejercido el poder durante 20 años, pasará a un rol de oposición en momentos donde la región latinoamericana atraviesa por un complejo momento en sus relaciones intervecinales como producto de la creciente polarización ideológica que se ha manifestado desde hace bastante tiempo, pero que con especial fuerza, se ha presentado en los últimos cinco años.

Como sabemos, el año 2009 no fue un año precisamente pasivo en el ámbito regional. La crisis en Honduras, la instalación de bases estadounidenses en territorio colombiano, la presentación de la demanda marítima por Perú ante la Corte Internacional de Justicia y las aspiraciones bolivianas por acceder de forma soberana al Océano Pacífico -bajo la "Agenda de trece puntos"- son temas que repercutieron fuertemente en el debate político interno.

Ahora con una Concertación saliente del poder, cabe preguntarse si la postura oficial del gobierno entrante seguirá siendo la misma en algunos tópicos de importancia a nivel regional. Es una pregunta no menor, ya que la postura chilena en algunos de estos temas, serán claves para ver cómo se configurará el equilibrio de fuerzas políticas en Sudamérica.

Para nadie es sorpresa que las relaciones entre el gobierno entrante y países como México, Colombia o Perú se vean fortalecidas gracias a sus coincidencias con la administración de la economía y su adversión a las prácticas que impulsan algunos de los países que siguen "El socialismo del siglo XXI". Esto le significará irremediablemente a Chile una apatía por parte del eje bolivariano, pero la pregunta es cómo se va a manifestar dicha apatía en los próximos meses. Con la primera advertencia de "no meterse en los asuntos venezolanos" que Chávez le hizo saber a Piñera, ya podemos saber que al menos, las relaciones entre Caracas y Santiago quedarán en "Stand-by".

La tajante negativa que durante su campaña presidencial mostró Sebastían Piñera ante una eventual negociación de una salida soberana al mar con el gobierno de Evo Morales, también mostró un cambio importante en el manejo de la política vecinal. Pese a toda crítica, lo cierto es que el futuro mandatario chileno, está viendo las cosas "lo más realista posible". Algo de lo que -estrictamente en esta materia- distó mucho la anterior administración, porque si bien la "Agenda de trece puntos" incluía la reivindicación marítima boliviana, le faltó mucho más realismo a nuestra cancillería, el dejar en claro que la soberanía no era un aspecto negociable. Esta falta de realismo, se traducirá en una relación áspera entre La Paz y Santiago y que dicho sea de paso, con ello tendrá que lidiar nuestra futura Cancillería.

El recambio del equilibrio de fuerzas en la región, es un hecho inminente y que por cierto, no estará exento de polémicas. El "factor Chávez" será el que pauteará la nueva cosmovisión chilena a nivel regional.

Apartando el hecho de que el futuro gobierno será recordado como el primer gobierno de derecha en ser electo democráticamente desde el retorno a la democracia, también será recordado como el gobierno con los desafíos más complejos en política regional y no es para menos. Desde el primer día en que asuma Piñera, su Cancillería será un punto clave a seguir, de manera que esperemos que en pos de los intereses nacionales y su convivencia sana con la región, el futuro mandatario sepa tomar una decisión cauta y prudente.

domingo, 17 de enero de 2010

Haití: La deuda internacional pendiente

Un terremoto de 7,3 grados fue suficiente para dejarnos en evidencia la pobreza extrema y la nula capacidad de autogobernarse que posee este alicaído país. Con una cifra de muertos que hasta ahora es difícil poder cuantificar, lo cierto es que Haití aún tendrá que seguir lidiando con un problema que se ha manifestado con un carácter dual.

Una cara de la crisis -y la que por cierto, es de mayor urgencia solucionar- es el terremoto que devastó al país centroamericano, pero la deuda pendiente con Haití, es solucionar un problema mucho más de fondo, que es fortalecer la institucionalidad y crear un Estado funcional capaz de reaccionar frente a estos eventos. Ninguna de estas dos últimas características ha sido solucionada por la comunidad internacional.

Haití, un país que ha conocido de cerca las dictaduras militares, recién abandonó en 1986 una forma de gobierno cuasi-dinástica, después de que François y Jean-Claude Duvalier -padre e hijo, respectivamente- mantuvieran una lógica de gobierno autoritario, despúes de haber gobernado entre ellos dos, 35 años al país.

Desde 1986, Haití ha tenido una serie de gobiernos "colegiados", con una duración promedio de dos a tres años, siendo recién el año 2006, la primera celebración "transparente" y "legitimada" de elecciones presidenciales que dieron como ganador a René Preval, el actual mandatario haitiano, quien recibió el poder de su predecesor, Boniface Alexandre; el Presidente temporal de la nación que recibió esta responsabilidad después del exilio a Sudáfrica de Jean-Bertrand Arístide, mandatario de Haití entre 2001 y 2004, que recibió acusaciones de haber financiado y armado a grupos paramilitares "chímeres", los cuales cometieron una serie de asesinatos y saqueos en las principales ciudades haitianas.

En suma, Haití ha sido victima de la corrupción, saqueos y una fuerte presencia de ex-militares que operaban en Gonaïves, Cap-Haitien y otros departamentos al norte del país.

En aras de solucionar este estado de ingobernabilidad, la intervención de Naciones Unidas en Haití -que comenzó en 2004 con la MIFH (Multinational Interim Force in Haiti, compuesta por Canadá, Chile, Francia y Estados Unidos)- ha permitido un modesto control en el nivel de la seguridad en la nación. Esta primera intervención ha logrado estabilizar la actividad de una buena parte de las bandas armadas que realizaban saqueos nocturnos, infundando temor en la población local.

Dos meses después de que la MIFH entra en ejecución, es relevada por la MINUSTAH (Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití), que tiene la característica fundamental de tener una alta presencia de fuerzas militares regionales. En este sentido, se integran países como Argentina, Brasil, Uruguay, Perú y Guatemala, mientras también se suman países de fuera de la región como España, Marruecos, Sri Lanka y Nepal, entre otros. En el caso de Chile, desde la MIFH ha tenido un papel protagónico en esta materia y actualmente tiene como área de responsabilidad, la seguridad en Cap-Haitien (una región al norte del país) más otras responsabilidades secundarias como velar por la seguridad de los principales centros aeroportuarios de la capital, Puerto Príncipe.

Desde estas fases a la actualidad, indudablemente se ha mejorado principalmente el ámbito de la seguridad, pero quedan pendientes los aportes que deben realizar los países donantes en aras de reconstruir el país.

Las intervenciones humanitarias de Naciones Unidas en territorios de conflicto, están caracterizados principalmente por dos componentes; uno militar y uno político. El componente militar ha cumplido medianamente su rol de mejorar los estándares de seguridad, pero la salida al problema de Haití, es político. La voluntad política internacional para reconstruir la institucionalidad en el país no pasa por una mera intervención militar. Haití necesita más recursos, necesita una mejor logística y necesita más personal que capacite a sus funcionarios y que dicho sea de paso, la salida a todos estos problemas, es finalmente política.

No tiene sentido destinar recursos para mitigar los efectos del terremoto, cuando los países previamente a este fenómeno, se olvidaban de la existencia de Haití. ¿Cuántos terremotos más tendrán que manifestarse para que la comunidad internacional de una solución concreta a los problemas de los haitianos?

Es irónico pensar que en Centroamérica durante casi seis meses, el tema de debate era el conflicto Zelaya-Micheletti y se descuidó por completo a Haití, pero ahora que Honduras ya no es tema de convergencia internacional, nos concentramos en la crisis humanitaria que vive el pueblo haitiano después del terremoto.

Por ahora, los recursos y el personal parecen llegar a Haití -sin mucha coordinación, por cierto- pero cuando se solucione el problema del terremoto, ¿Qué será de este país? ¿Se tendrá finalmente voluntad política para ayudar en la reconstrucción del país centroamericano o las delegaciones volverán a sus respectivos países después de haber llevado lo necesario para mitigar los efectos del terremoto?

Es irónico pensar que el terremoto quizás fue un "mal necesario" para Haití. Quizás esta era la única forma de abrir los ojos de la comunidad internacional para realmente tomarle el pulso a la situación. Esperemos no sólo por el bien de Haití, sino que por el bien de la convivencia mundial, que se logre una pronta recuperación para este sufrido pueblo.

jueves, 14 de enero de 2010

Los nuevos desafíos de la lucha antiterrorista

El año que recién comienza, probablemente será recordado como un año con un fuerte vuelco en el manejo de las políticas antiterroristas globales. Y no es para menos; la lucha contra la actividad subversiva deberá sufrir importantes cambios, porque la lucha contra Al Qaeda y sus simpatizantes, imperiosamente no puede ser la misma que planteó la administración Bush tras el atentado del World Trade Center. Despúes de nueve años de lucha sin descanso, Estados Unidos parece comprender finalmente, que los medios militares no le aseguran una victoria ni en Medio Oriente, ni en su lucha contra el terrorismo global.

Recordemos que durante la campaña presidencial estadounidense, Barack Obama había prometido retirar el contingente militar asentado en Irak en un plazo de 16 meses, es decir, para finales del 2010 ya debería estar retirado el grueso de las tropas, dejando un pequeño núcleo para apoyar las labores logísticas y de entrenamiento del ejército iraquí. Sin embargo, no ocurre lo mismo en Afganistán. Barack Obama ha decidido reforzar la presencia militar en el país sur-asiático, en momentos donde se impone una nueva victoria electoral de Hamid Karzai -el presidente interino de la nación- que se ha visto acosado con nuevos atentados suicidas de los remanentes de El Talibán, la agrupación de fundamentalistas islámicos responsables de gran parte de los atentados con coches-bomba en distintas partes del país.

La preocupación de Washington por reforzar sus medidas en la lucha antiterrorista se han hecho evidentes, ya que los atentados de los talibanes, se han vuelto cada vez más eficaces y mortíferos. A modo de ejemplo, se han hecho atentados contra importantes figuras nacionales, como es el caso de Abdullah Laghmani -el segundo al mando de los servicios de inteligencia afganos-, se han hecho atentados con coches-bomba a escasos metros de bases militares internacionales y hace sólo una semana, se perpetró un atentado en una base militar estadounidense en Jost, una región al este de Afganistán, donde resultaron muertos siete agentes de la CIA. En resumen, Estados Unidos está plenamente consciente que las cosas se le van cuesta arriba y que debe hacer algo rápido para contrarrestar estos efectos.

El atentado perpetrado contra agentes de la CIA en Jost, fue el que más llamó la atención de la opinión pública, ya que éste fue realizado por Humam Jalil Abu Mulal Al Balawi, un doble agente que parecía trabajar para la agencia norteamericana, pero que finalmente era un ciudadano jordano afín a Al Qaeda que se terminó inmolando en la base militar antes mencionada. Esto, puso de manifiesto la enorme incompetencia de los servicios de inteligencia estadounidenses, ya que éstos necesitaron los servicios de Al Balawi, porque ninguno de sus agentes sabía hablar la lengua local afgana, el pashtún. Afganistán, así como cualquiera de los países que lo rodean, están caracterizados por una diversidad linguística enorme y una clave para poder realizar las labores de inteligencia de una manera más eficiente, era infiltrar agentes que dominaran estas lenguas locales. El error grave de la CIA, fue no haber capacitado a sus propios agentes en el manejo del pashtún para infiltrarse en esas regiones. Si Estados Unidos tiene claro que en Afganistán, el componente militar deberá ser menor, tiene que compensar la balanza con eficientes labores de inteligencia; algo en lo que ha estado cayendo desde hace bastante años.

Dicen que "el mejor ataque, es una sólida defensa" y si Estados Unidos desea neutralizar la gran parte de las actividades subversivas de El Talibán, deberá enfocarse en recomponer el adoctrinamiento y capacitación de sus agentes de inteligencia, pero lo más importante, es tener una plena independencia de los servicios que pudiese prestarle la población local, ya que podría repetirse la historia en Jost.

Por ahora, sólo queda una enorme sensación de culpa en el gobierno estadounidense y no es para menos, porque varios creemos que las políticas preventivas son más eficaces que las guerras preventivas.

domingo, 3 de enero de 2010

Chile y las "relaciones inteligentes" con Perú

"La política exterior es una política de Estado". En más de alguna ocasión hemos oído esta frase para reflejar un consenso a nivel país en lo que respecta el manejo de la política internacional y principalmente la que se construye con países vecinos. Sin embargo, en el campo diplomático parece ser que este fenómeno se ve más en la teoría, porque en la praxis sí existen cambios sustantivos en el manejo de la política exterior. Un reflejo claro de esto, lo encarna nuestro vecino país del norte.

Durante el año 2009, la Presidenta Michelle Bachelet fijó -bajo el Ministerio de Relaciones Exteriores- los lineamientos para llevar con Perú unas "relaciones inteligentes" donde no se vieran afectadas las relaciones en el campo comercial y que de esta forma, se "encapsulara" la demanda marítima ante la Corte Internacional de Justicia, de tal forma, que una cosa no impida el correcto funcionamiento de la otra.

Esta moción parece haber fracasado rotundamente y las consecuencias están a la vista. De todos los sucesos que el 2009 marcaron negativamente el desarrollo de las relaciones chileno-peruanas, hay que reconocer que éstas aún se encuentran "tocadas" por la acusación de espionaje y un eventual sometimiento ante el Tribunal Constitucional de Perú respecto al Tratado de Libre Comercio que el país del Rímac firmó con nuestro país en 2006, pero que entró en ejecución recién en marzo del 2009.

A ello hay que sumarle la crisis diplomática que generó el llamado a consultas de Carlos Pareja -el Embajador de Perú en nuestro país- cuando en la prensa peruana se reveló la supuesta acusación de espionaje, también la negativa de Alan García de reunirse con Bachelet en la cumbre de APEC y finalmente la cancelación de la visita de la Ministra de Producción, Mercedes Aráoz a nuestro país para explicar los alcances del "Pacto de No Agresión". Tampoco debemos olvidar, que para la conmemoración de nuestro aniversario patrio en septiembre de 2009, una delegación peruana que se presentaría en la embajada chilena en Lima, finalmente decidió no asistir; incluso habiendo confirmado su participación al evento. La explicación que se dio, fue una supuesta "descoordinación" de las autoridades peruanas, dejando claro al mismo tiempo que "los funcionarios son libres de ir a las fiestas que los inviten". Lo anterior es cierto, pero hay compromisos protocolares que cumplir, especialmente si se trata de asuntos diplomáticos que pueden dañar las relaciones vecinales.

En síntesis, los casos que podríamos traer a colación son bastantes y es evidente que toda esta "relación inteligente" no ha resultado como tal. ¿Ha sido una idea mal articulada desde Santiago?. Claro que no. Toda idea que implique mejorar las relaciones con países de la región y especialmente, la de los países vecinos es una iniciativa loable, pero aunque en diplomacia se apueste por estas medidas, el momento no es el oportuno. Desde que se interpuso la demanda marítima en enero del 2008, la efeversencia del nacionalismo peruano ha sido la tónica del discurso político. Es sabido por la mayoría de la opinión pública que los guiños nacionalistas traen créditos políticos. Esto se ha visto tanto desde Perú hacia Chile como desde Chile hacia Perú.

Pero hay otro tema que se instala al medio y que en realidad, es el tema de fondo. Se deben construir, pero no mezclar dos relaciones chileno-peruanas. Una en el corto plazo, que vendrá en la era post Bachelet y que deberá ponerse a prueba al menos en los primeros seis meses de mandato y otra en el plano post demanda marítima. Ambas relaciones deberán articularse bajo el gobierno entrante, de manera que es sumamente importante que la coalición que gobierne esté a la altura de este desafío. Entedemos que habrán matices distintos desde el punto de vista programático, pero deben apuntar en cualquier caso al salvoguardo de una relación constructiva más que inteligente.

Por lo tanto, las "relaciones inteligentes", "las cuerdas separadas" y tantas otras nomenclaturas que recibieron estas mociones, son parte del pasado. Se debe empezar a rearticular en la futura Cancillería los errores que marcaron la relación del 2009 y a partir de ahí, ver si por motivos coyunturales conviene estar más cerca o más lejos de las relaciones que contaminen el panorama bilateral.

A dos semanas de los comicios presidenciales, es de esperar que el futuro gobierno que entre a La Moneda, sin importar el que sea, esté consciente del desafío que se viene y que dicho sea de paso, será un obstáculo no menor para el mediano plazo, porque la relación que marcará los próximos años -incluso los que vengan fuera del período 2010/2014- estará pauteado por lo dicte la Corte de La Haya.