jueves, 14 de enero de 2010

Los nuevos desafíos de la lucha antiterrorista

El año que recién comienza, probablemente será recordado como un año con un fuerte vuelco en el manejo de las políticas antiterroristas globales. Y no es para menos; la lucha contra la actividad subversiva deberá sufrir importantes cambios, porque la lucha contra Al Qaeda y sus simpatizantes, imperiosamente no puede ser la misma que planteó la administración Bush tras el atentado del World Trade Center. Despúes de nueve años de lucha sin descanso, Estados Unidos parece comprender finalmente, que los medios militares no le aseguran una victoria ni en Medio Oriente, ni en su lucha contra el terrorismo global.

Recordemos que durante la campaña presidencial estadounidense, Barack Obama había prometido retirar el contingente militar asentado en Irak en un plazo de 16 meses, es decir, para finales del 2010 ya debería estar retirado el grueso de las tropas, dejando un pequeño núcleo para apoyar las labores logísticas y de entrenamiento del ejército iraquí. Sin embargo, no ocurre lo mismo en Afganistán. Barack Obama ha decidido reforzar la presencia militar en el país sur-asiático, en momentos donde se impone una nueva victoria electoral de Hamid Karzai -el presidente interino de la nación- que se ha visto acosado con nuevos atentados suicidas de los remanentes de El Talibán, la agrupación de fundamentalistas islámicos responsables de gran parte de los atentados con coches-bomba en distintas partes del país.

La preocupación de Washington por reforzar sus medidas en la lucha antiterrorista se han hecho evidentes, ya que los atentados de los talibanes, se han vuelto cada vez más eficaces y mortíferos. A modo de ejemplo, se han hecho atentados contra importantes figuras nacionales, como es el caso de Abdullah Laghmani -el segundo al mando de los servicios de inteligencia afganos-, se han hecho atentados con coches-bomba a escasos metros de bases militares internacionales y hace sólo una semana, se perpetró un atentado en una base militar estadounidense en Jost, una región al este de Afganistán, donde resultaron muertos siete agentes de la CIA. En resumen, Estados Unidos está plenamente consciente que las cosas se le van cuesta arriba y que debe hacer algo rápido para contrarrestar estos efectos.

El atentado perpetrado contra agentes de la CIA en Jost, fue el que más llamó la atención de la opinión pública, ya que éste fue realizado por Humam Jalil Abu Mulal Al Balawi, un doble agente que parecía trabajar para la agencia norteamericana, pero que finalmente era un ciudadano jordano afín a Al Qaeda que se terminó inmolando en la base militar antes mencionada. Esto, puso de manifiesto la enorme incompetencia de los servicios de inteligencia estadounidenses, ya que éstos necesitaron los servicios de Al Balawi, porque ninguno de sus agentes sabía hablar la lengua local afgana, el pashtún. Afganistán, así como cualquiera de los países que lo rodean, están caracterizados por una diversidad linguística enorme y una clave para poder realizar las labores de inteligencia de una manera más eficiente, era infiltrar agentes que dominaran estas lenguas locales. El error grave de la CIA, fue no haber capacitado a sus propios agentes en el manejo del pashtún para infiltrarse en esas regiones. Si Estados Unidos tiene claro que en Afganistán, el componente militar deberá ser menor, tiene que compensar la balanza con eficientes labores de inteligencia; algo en lo que ha estado cayendo desde hace bastante años.

Dicen que "el mejor ataque, es una sólida defensa" y si Estados Unidos desea neutralizar la gran parte de las actividades subversivas de El Talibán, deberá enfocarse en recomponer el adoctrinamiento y capacitación de sus agentes de inteligencia, pero lo más importante, es tener una plena independencia de los servicios que pudiese prestarle la población local, ya que podría repetirse la historia en Jost.

Por ahora, sólo queda una enorme sensación de culpa en el gobierno estadounidense y no es para menos, porque varios creemos que las políticas preventivas son más eficaces que las guerras preventivas.

domingo, 3 de enero de 2010

Chile y las "relaciones inteligentes" con Perú

"La política exterior es una política de Estado". En más de alguna ocasión hemos oído esta frase para reflejar un consenso a nivel país en lo que respecta el manejo de la política internacional y principalmente la que se construye con países vecinos. Sin embargo, en el campo diplomático parece ser que este fenómeno se ve más en la teoría, porque en la praxis sí existen cambios sustantivos en el manejo de la política exterior. Un reflejo claro de esto, lo encarna nuestro vecino país del norte.

Durante el año 2009, la Presidenta Michelle Bachelet fijó -bajo el Ministerio de Relaciones Exteriores- los lineamientos para llevar con Perú unas "relaciones inteligentes" donde no se vieran afectadas las relaciones en el campo comercial y que de esta forma, se "encapsulara" la demanda marítima ante la Corte Internacional de Justicia, de tal forma, que una cosa no impida el correcto funcionamiento de la otra.

Esta moción parece haber fracasado rotundamente y las consecuencias están a la vista. De todos los sucesos que el 2009 marcaron negativamente el desarrollo de las relaciones chileno-peruanas, hay que reconocer que éstas aún se encuentran "tocadas" por la acusación de espionaje y un eventual sometimiento ante el Tribunal Constitucional de Perú respecto al Tratado de Libre Comercio que el país del Rímac firmó con nuestro país en 2006, pero que entró en ejecución recién en marzo del 2009.

A ello hay que sumarle la crisis diplomática que generó el llamado a consultas de Carlos Pareja -el Embajador de Perú en nuestro país- cuando en la prensa peruana se reveló la supuesta acusación de espionaje, también la negativa de Alan García de reunirse con Bachelet en la cumbre de APEC y finalmente la cancelación de la visita de la Ministra de Producción, Mercedes Aráoz a nuestro país para explicar los alcances del "Pacto de No Agresión". Tampoco debemos olvidar, que para la conmemoración de nuestro aniversario patrio en septiembre de 2009, una delegación peruana que se presentaría en la embajada chilena en Lima, finalmente decidió no asistir; incluso habiendo confirmado su participación al evento. La explicación que se dio, fue una supuesta "descoordinación" de las autoridades peruanas, dejando claro al mismo tiempo que "los funcionarios son libres de ir a las fiestas que los inviten". Lo anterior es cierto, pero hay compromisos protocolares que cumplir, especialmente si se trata de asuntos diplomáticos que pueden dañar las relaciones vecinales.

En síntesis, los casos que podríamos traer a colación son bastantes y es evidente que toda esta "relación inteligente" no ha resultado como tal. ¿Ha sido una idea mal articulada desde Santiago?. Claro que no. Toda idea que implique mejorar las relaciones con países de la región y especialmente, la de los países vecinos es una iniciativa loable, pero aunque en diplomacia se apueste por estas medidas, el momento no es el oportuno. Desde que se interpuso la demanda marítima en enero del 2008, la efeversencia del nacionalismo peruano ha sido la tónica del discurso político. Es sabido por la mayoría de la opinión pública que los guiños nacionalistas traen créditos políticos. Esto se ha visto tanto desde Perú hacia Chile como desde Chile hacia Perú.

Pero hay otro tema que se instala al medio y que en realidad, es el tema de fondo. Se deben construir, pero no mezclar dos relaciones chileno-peruanas. Una en el corto plazo, que vendrá en la era post Bachelet y que deberá ponerse a prueba al menos en los primeros seis meses de mandato y otra en el plano post demanda marítima. Ambas relaciones deberán articularse bajo el gobierno entrante, de manera que es sumamente importante que la coalición que gobierne esté a la altura de este desafío. Entedemos que habrán matices distintos desde el punto de vista programático, pero deben apuntar en cualquier caso al salvoguardo de una relación constructiva más que inteligente.

Por lo tanto, las "relaciones inteligentes", "las cuerdas separadas" y tantas otras nomenclaturas que recibieron estas mociones, son parte del pasado. Se debe empezar a rearticular en la futura Cancillería los errores que marcaron la relación del 2009 y a partir de ahí, ver si por motivos coyunturales conviene estar más cerca o más lejos de las relaciones que contaminen el panorama bilateral.

A dos semanas de los comicios presidenciales, es de esperar que el futuro gobierno que entre a La Moneda, sin importar el que sea, esté consciente del desafío que se viene y que dicho sea de paso, será un obstáculo no menor para el mediano plazo, porque la relación que marcará los próximos años -incluso los que vengan fuera del período 2010/2014- estará pauteado por lo dicte la Corte de La Haya.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

La Cumbre de Copenhague: ¿Un mal recuerdo sobre la voluntad política?

El año 2009 está por marcharse y justamente este último mes del año, se celebró en Dinamarca la Cumbre de Copenhague, organizada por las Naciones Unidas para revertir los efectos del calentamiento global junto con buscar una fórmula vinculante que comprometa a los Estados a reducir sus emisiones contaminantes. Los que seguimos de cerca esta cumbre, fuimos testigos de un fenómeno irreversible al que estaremos expuestos durante los próximos años: El sistema internacional que se había caracterizado por una tenue apariencia de cooperación a partir de la década de los noventa, está empezando a mostrar actualmente matices conflictivos en alza. Parecen haber varias razones para explicar este fenómeno.

Uno de ellos, puede atribuirsele a la crisis que ha venido golpeando desde 2008 en mayor o menor medida a los distintos Estados.

Otro, a la emergencia de nuevos focos económicos en Asia y en una serie de países, que podrán poner en jaque a los principales mercados occidentales.

Otra hipótesis parece ser que la reversión de la crisis económica tendrá que asumir medidas diferentes en el sistema de Estados. Es por ello que no podría haber un consenso en cuanto a la forma de revertir las medidas de contaminación en la Cumbre de Copenhague. Bien se sabe que China es el principal emisor de CO2 en combustibles como el carbón, pero también es cierto que China no estaría dispuesta a asumir medidas de atenuación si ve que otros Estados poco parecen ayudar en la moción. Sería irrisorio pensar que potencias en emergencia quieran disminuir un crecimiento sostenido que habían venido manifestando hace tiempo si ve que los principales Estados no tienen voluntad política para ceder.

Pese a toda especulación, lo cierto es que se ha perdido una oportunidad sumamente trascendental para lograr un compromiso vinculante de los Estados para revertir el efecto invernadero. Como sabemos, todo terminó en un acuerdo no vinculante, creado entre cuatro paredes que aún necesita hacer los lineamientos para lograr medidas efectivas entre Estados Unidos, China y otras potencias emergentes como Brasil, Sudáfrica o India.

Hay otro elemento interesante que es necesario traer a la palestra. La presencia de Barack Obama -quien anunció asistir al cierre de la cumbre multilateral- fue percibida como una muestra real de voluntad para lograr un avance sustantivo en la contaminación proveniente desde el gigante del norte, sin embargo, poco tuvo que ver una cosa con la otra. Para bien o para mal, los estadistas son elegidos para salvoguardar los intereses nacionales y desde ese punto de vista, mal se podría pensar que Obama podría anunciar poner el freno en las emisiones contaminantes desde Estados Unidos, en momentos donde la Secretaría del Tesoro ha venido interviniendo en el mercado interno desde hace tiempo, incluso en la administración Bush se presentó este fenómeno. Estados Unidos comprendió perfectamente que debía priorizar un reordenamiento de sus mercados para recién empezar a pensar en medidas multilaterales.

El problema de todo esto, es que se está dando un mal enfoque al tema del calentamiento global, porque las consecuencias de esto se están viendo actualmente y si bien es cierto, que el futuro que nos espera no es nada alentador -porque hay estudios científicos que así lo avalan- ya hay consecuencias del calentamiento global que nos afectan directamente en nuestra vida, el tema es si queremos que esto se intensifique en el futuro. Al parecer, esto no fue estudiando tan a fondo por los Estados y si lo fue, están actuando en función de intereses sabiendo lo que se viene para los próximos años.

Desde hace bastante tiempo se viene mostrando un fenómeno de inoperancia en las organizaciones regionales y multilaterales como producto de la segmentación de las cuotas de poder en el sistema de Estados. Estos actores que en un principio mostraron voluntad para cambiar el orden mundial, han vuelto atrás para salvoguardar sus intereses en desmedro de otros. No es alarmista esta predicción, sino más bien, se asemeja perfectamente al escenario mundial que vivimos.

Lamentablemente lo que vimos en Copenhague fue un fiel reflejo del sistema internacional que se ha gestado. Un sistema multilateralista, increíblemente más complejo que cualquiera de los anteriores que se han apreciado en la historia de la humanidad, donde se ve que las Organizaciones Internacionales si bien han ganado protagonismo en el sentido de que no es posible que los Estados operen por sí solos, se aprecia al mismo tiempo una falta de consenso que proviene desde los mismos Estados para hacer más integrador nuestro mundo.

En resumen, la Cumbre de Copenhague terminó en un acuerdo interno entre potencias y potencias emergentes con un acuerdo débil, sin vinculación entre ellos y que dejará en duda cuándo y cómo comenzaría a verse un avance en las medidas de contrarresto a las emisiones contaminantes. Mientras tanto, la humanidad y el medioambiente fue el gran perdedor de lo que se vio en Dinamarca.Justificar a ambos lados

lunes, 14 de diciembre de 2009

Mitos y verdades sobre el ingreso de Chile a la OCDE

Probablemente uno de los mayores logros que la Concertación podría lograr en materia de política exterior, es hacer ingresar a Chile como miembro pleno de la OCDE. Una tarea que si bien, aún no está completa y que aún depende de lo que diga el comité de ingreso, hay buenas posibilidades que esta iniciativa toque tierra firme.

Me ha tocado leer y participar en muchos debates de este tema y a priori se instalan tres preguntas básicas al respecto. Primero, ¿Qué es la OCDE?, ¿Qué ganaría Chile con ser miembro de este grupo? y por último, ¿Cómo podría invitarse a Chile a semejante foro si aún quedan deudas pendientes en materia económica y laboral?

Pues bien, en esta columna pretendo aclarar tales inquietudes.

Primero que todo, la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico) fue creada en 1961 como una organización de cooperación internacional y actualmente la componen 30 estados. Pero sus fundadores, en los albores de aquella década, tenían una especial característica: además de sus altos o medios altos ingresos, eran naciones con altos estándares de protección social y profundos niveles de democracia. Salvo excepciones como España, en aquel entonces aún bajo el franquismo, la OCDE fue desde su fundación un organismo cuyos miembros tenían como objetivo la consecución de altos niveles de democracia y seguridad social. Entre sus actividades ha estado la promoción del empleo, el crecimiento económico, la calidad de vida en sus países miembros, entre los que está la educación, que se mide periódicamente a través de la prueba de suficiencia PISA (Agencia para la Evaluación Internacional de Estudiantes).

La última ampliación de la OCDE data del 2000, cuando se incorporó Eslovaquia. Antes había ingresado Japón, Australia, Nueva Zelanda y México, entre otros. Pero el 2007 se iniciaron conversaciones bastante serias para una extensión aún mayor del club. Desde entonces, han postulado cinco candidatos, entre los que están -además de Chile- Estonia, Eslovenia, Rusia e Israel. Documentación de la propia OCDE destacan a Chile y Estonia como futuros miembros por contar con estándares de desarrollo financiero, salud, educación, transporte y comercio acordes con los estándares de los países fundadores.

De manera que -como podemos ver- Chile ha dejado atrás el celebrar Tratados de Libre Comercio (por cierto, nuestro país es el que tiene más TLC firmados en todo el mundo) y ha decidido ir un paso más allá y entrar a un selecto grupo de países que también es conocido como el "Club de los países ricos". De manera que con esto, se ratifica que pese a los golpes que nos azotó la crisis económica de septiembre del 2008, esto es un reconocimiento a la labor que se ha venido construyendo. Esto no quiere decir que Chile dejará de firmar TLC, pero que el ingreso a la OCDE, de alguna forma le estampa el "sello de oro" a la labor en materia económica.

La respuesta más obvia respecto a los beneficios que nos traería ser miembro de este selecto grupo, es el prestigio internacional y la posibilidad de establecer metodologías comparadas de medición con países del primer mundo, ya que esto, permitiría que la opinión internacional se pronuncie respecto a qué ámbitos laborales, sociales o medioambientales podría mejorar nuestro país en aras de perfeccionar su desarrollo. Quizás a los más críticos les suene absurdo este argumento, pero los dividendos del reconocimiento internacional son evidentes y no solo le traen beneficios al país, sino que también al gobierno que logra mediante su gestión, la incorporación a este selecto grupo. Como ejemplo, se puede dar el caso de México. El ingreso de México a la OCDE el año 1994 significó para ese país, buena publicidad para el Presidente Ernesto Zedillo. Desde ese punto de vista, no debería extrañar que se manifieste el mismo fenómeno en Chile.

De todas formas, hay que tener claro que ser miembro de la OCDE no implica que un país logre el desarrollo inmediatamente. Lograr el desarrollo bajo el alero de la OCDE implicará una serie de modificaciones en materia de protección social y políticas públicas. Se cree que el ingreso per cápita en Chile para los próximos cinco años -dependiendo de los vaivenes de la crisis- podría llegar a los 20.000 dólares (actualmente estamos en una tasa cercana a los 13.000/14.000). Ello sería suficiente para ingresar a Chile al grupo, ya que México y Turquía, -que son actualmente dos de los países con el PIB per cápita más deficiente en la OCDE- tienen su PIB per cápita del 2008, en el orden de los 14.560 y 13.138 dólares, respectivamente. Sin embargo, éste no es el único índice con el que se mide el desarrollo, Chile tiene deudas pendientes en materia de desigualdad y es un punto en contra que podría repercutirle de forma negativa para sus intenciones de ingresar a este club.

Dice la CEPAL que el ingreso per cápita en Chile se duplicó desde 1990 al 2007, pero el 20 por ciento más rico de la población supera en más de trece veces el ingreso del 20 por ciento más pobre. Si una familia pobre vive o sobrevive con 200 mil pesos al mes, el promedio del grupo de los más adinerados goza de dos millones 600 mil. Una relación que ha ubicado a Chile entre los diez países más desiguales del mundo.

Por lo tanto, Chile si bien es cierto que actualmente tiene las competencias para ingresar, no se debe ser iluso y pensar que somos del primer mundo con el mero ingreso a la OCDE. En ese sentido, se debe tener una mentalidad crítica para pensar que aún en una situación así, hay mucho por hacer en materia de políticas públicas.

De todas formas, en términos prácticos esto consolidará la imagen internacional de Chile, ya que en un eventual ingreso, seríamos el primer país sudamericano y el segundo en toda Latinoamérica en ingresar al grupo. Aún así, diversos analistas han asegurado que el ingreso de Chile a la OCDE no asegura una mayor inversión, pero sí un reconocimiento de que se está avanzando, con matices por cierto, pero avanzando al fin y al cabo.

Por ahora, habrá que esperar el dictamen del comité que dará mañana respecto a nuestra iniciativa de ingreso. Para la mayoría de los connacionales esto deberá mirarse con atención, pero con cautela y humildad al mismo tiempo.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Las elecciones bolivianas y el futuro panorama bilateral con Chile

Desde la celebración de los comicios presidenciales en Uruguay del 25 de octubre, América Latina comenzará a experimentar una serie de elecciones presidenciales donde se puede alterar de manera importante el panorama político de la región. Ya fuimos testigos de lo que ocurrió en Uruguay y Honduras -en este último con la gran polémica que todos conocemos- y ahora, es el turno de los bolivianos que para mañana domingo 6 de diciembre deberán escoger un Presidente, un Vice-Presidente y 166 miembros de la futura Asamblea Legislativa Plurinacional, que será el órgano que sustituirá al Congreso, actualmente dominado por la oposición.

Este proceso viene precedido con la aprobación de la Nueva Constitución boliviana aprobada a inicios de este año y que establece en su artículo 168 la posibilidad para un Presidente de optar a la reelección por una sola vez. Evo Morales, quien es actualmente el Presidente de la nación vecina -y por cierto el candidato con la clara ventaja de salir reelecto- podrá hacer uso de ese artículo como si para esta elección, estuviera ejerciendo su primer mandato presidencial. Esto es posible, porque el Movimiento al Socialismo de Bolivia determinó que Morales podrá gozar de ese beneficio porque la Constitución entrará en vigencia desde esta elección en adelante, de manera que Morales -de salir reelecto para mañana domingo- puede perfectamente volver a postular a la presidencia para las elecciones de 2015.

La Carta Magna boliviana fue ampliamente debatida desde su redacción en octubre de 2008, pero finalmente contó con la aprobación necesaria para entrar en vigencia.

Según los sondeos hechos para la carrera presidencial, los analistas coinciden en que Morales claramente se perfila como el vencedor de las elecciones del domingo. El tema no es ver si gana Morales, sino más bien, por cuánto ganará.

La prestigiosa empresa Gallup International, hizo una encuesta a poco más de tres meses de celebrar las elecciones y hasta ese momento, de los ocho candidatos a la presidencia, Evo Morales tenía el 57,7% de las preferencias, seguido por sus contendores de derecha y centroderecha, Manfred Reyes Villa (Partido Plan Progreso para Bolivia) con un 8,7% y Samuel Doria Medina (Unidad Nacional) con un 9,7%, respectivamente. El resto de los candidatos como Román Loayza, Alejo Véliz, René Joaquino, Rimer Choquehuanca y María Flores tienen posibilidades marginales de poder enfrentarse a Morales, por lo que en las mismas encuestas ni siquiera consideran sus porcentajes de adhesión. La carrera presidencial de mañana estará marcada por los tres primeros candidatos, pero que en los casos de Reyes Villa y Doria Medina, tendrán posibilidades casi nulas de hacerle peso a una candidatura de Evo Morales que fue superior a las demás en todos los aspectos. Frente a una oposición fragmentada durante casi toda la campaña presidencial -por no decir toda- es poco probable que puedan derrotar al líder cocalero. Ello, es lo que probablemente nos mostrarán las elecciones de mañana.

Tampoco hay que olvidar que mañana no solo se escogerán los principales cargos de la dirección política de la nación, sino que también ese mismo día, cinco departamentos van por un referendo sobre autonomía y la provincia Gran Chaco (Tarija) se pronunciará sobre su autonomía regional.

Además, doce municipios irán a un referendo por autonomía indígena: Huacaya, Tarabuco, Villa Mojocoya, Charazani, Jesús de Machaca, Chipaya, San Pedro de Totora, Pampa Aullagas, Salinas de Garci Mendoza, Curahuara de Carangas, Chayanta y Charagua.

En rigor: ¿Cómo afectará todo este proceso y especialmente las elecciones presidenciales bolivianas en la relación con nuestro país?

Realmente por lo visto hasta ahora, la relación chileno-boliviana probablemente nunca estuvo mejor desde que se rompieron las relaciones diplomáticas en 1978 y si bien, actualmente las relaciones no son de un carácter diplomático, se han podido emular como tales gracias a la creación de la agenda de trece puntos, que busca un mejoramiento en las relaciones bilaterales con el país altiplánico. En esos trece puntos se busca solucionar el dilema de la mediterraneidad boliviana, el uso de las aguas del Silala, entre otros temas. Francamente, es de esperar que esto se sostenga en el tiempo; pero el panorama no parece ser muy alentador en vista de lo siguiente.

La relación que ahora marque el ámbito bilateral, estará marcada por tres factores íntimamente relacionados.

El primero es el factor Bolivia, ya que una buena parte de la relación bilateral, dependerá del mandatario que esté en Palacio Quemado. Con Evo Morales ya hemos visto que es posible llevar una relación fructífera y -considerar a priori- que salga nuevamente electo, no pareciera tener un mayor revés en el ámbito bilateral.

El segundo factor, es la carrera presidencial de Chile. Nuestra república se ha caracterizado por llevar adelante las relaciones internacionales -y especialmente las vecinales- como una política de Estado. Basándonos en los resultados de las encuestas locales, los tres candidatos con más posibilidades de llegar a La Moneda, han mencionado que pretenden dar un acceso al mar para nuestro vecino país sin ceder soberanía. Claramente algunos con más pragmatismo que otros, pero todos coinciden en ese punto.

Finalmente el tercer factor -y a la vez el más decisivo- es la demanda marítima peruana ante la Corte de La Haya. Por más que se insista en que la demanda es un problema entre Chile y Perú, lo cierto es que ésto influirá en la relación fructífera que se venía dibujando en las relaciones chileno-bolivianas. Si el resultado en la Corte nos fuera adverso, Bolivia seguirá intentando obtener su mediterraneidad en costas chilenas. Además, este punto dejará en signo de interrogación la forma de cómo se aborde la mediterraneidad boliviana tanto en el gobierno chileno como boliviano. Por lo tanto, no se puede saber con certeza cómo nos podrían afectar la suma de estos tres factores.

A primera vista, sólo podremos saludar de manera protocolar el muy probable triunfo de Morales en las urnas. Luego, concentrarnos en la elección que a nosotros nos tocará vivir, pero con la demanda peruana, seguiremos teniendo una piedra en el zapato para mejorar las relaciones vecinales del norte. Si se pensaba que la demanda peruana sería el fin a los conflictos vecinales, estamos equivocados. Esto recién comienza...

sábado, 28 de noviembre de 2009

La incertidumbre internacional ante las elecciones hondureñas

En las próximas horas, Honduras vivirá una de las jornadas más polémicas de su historia republicana. Se celebrarán los comicios presidenciales para designar a su futuro mandatario que vendrá siendo puesto en ejercicio con un gobierno de facto como predecesor, lo cual, ha sido criticado por gran parte de la comunidad internacional ya que vino a reemplazar a través de un golpe de Estado a su antiguo mandatario José Manuel Zelaya, quien -como recordaremos- el 28 de junio fue sacado a través de la fuerza por un comando militar quien lo dejó en Costa Rica tras su iniciativa de realizar un referendo para instalar una cuarta urna para buscar la reelección presidencial.

La dinámica que ha suscitado en este conflicto, ha estado lejos de terminar aún faltando un día para la celebración de las elecciones. Es algo que precisamente se venía comentando en columnas anteriores donde se mencionó que los alcances que podría tener el Acuerdo de San José -propuesto por el mandatario de Costa Rica, Oscar Arias- así como el pacto Tegucigalpa-San José que fue propuesto con una participación activa del gobierno estadounidense y organismos regionales como la OEA, no dieron los frutos que se esperaban, ya que era de esperarse que las partes en conflicto no encontrarían un punto común para consensuar una restitución del derrocado mandatario.

El conflicto hace semanas ya había seguido en alza cuando el 21 de septiembre Manuel Zelaya volvió por sorpresa a la embajada de Brasil en Tegucigalpa, donde desde allí llamaba a oponerse ante el gobierno de facto y su llamado a celebrar las elecciones del 29 de noviembre que -para la lógica de sus seguidores- estarían "viciadas" y con una falta de legitimidad evidente al no presentarse los mínimos estándares de competitividad y libre concurrencia a las urnas.

Por lo tanto, el llamado al boicot será una constante para mañana domingo y donde no sabemos realmente qué acciones tomará el gobierno de facto para controlar las actividades que probablemente realizará el Frente de Resistencia contra el Golpe de Estado, un grupo zelayista que exige la restitución inmediata de "Mel" -como le dicen de cariño sus seguidores-

Por otro lado, a nivel internacional la opinión pública se encuentra dividida, porque lo que a un principio se mostró como una actitud uniforme para repudiar la destitución de Zelaya, en estos momentos hay una cantidad de países que está dispuesto a aprobar el llamado a elecciones -y en consecuencia, lo que resulte de ellas- mientras otros ya han manifestado no reconocer el resultado electoral. Esta división se ha evidenciado más notablemente con lo que se pueda alcanzar en la Cumbre Iberoamericana que reunirá a los 22 países de América Latina y Europa -con lengua hispana y portuguesa en el caso del "viejo continente"- que se realizará en Portugal entre el próximo 30 de noviembre y 1 de diciembre. Un mismo portavoz de la Secretaría General Iberoamericana fue el que ha reconocido este fenómeno de división. De manera que a nivel internacional hay un ambiente de ambiguedad tremendo, porque esto no hará más que acrecentar el aspecto de legitimidad con el que quedará el futuro Presidente hondureño.

En el frente interno todo ya está en marcha para recibir a los electores para la celebración de los comicios. En estos momentos hay cinco candidatos presidenciales -que dentro del espectro izquierda/derecha- son César Ham (Unificación Democrática), Bernard Martínez (Innovación y Unidad Socialdemócrata), Felícito Ávila (Democracia Cristiana), Elvin Santos (Partido Liberal) y finalmente Porfirio Lobo Sosa (Partido Nacional). De éstos, las últimas encuestas apuntan que los que pasarían a un escenario de ballotage serían los dos últimos, es decir, Elvin Santos y Porfirio Lobo Sosa. Hay diferencias en cuanto a las cifras, ya que el ambiente electoral que se percibe es de bastante efervescencia, pero claramente hay una tendencia a que el fenómeno observado parece indicar que la crisis política en Honduras ha favorecido al Partido Nacional quien según por la encuesta CID-Gallup, el candidato de este partido cuenta con posibilidades reales de llegar a la presidencia. Un fenómeno interesante si tomamos en cuenta que el oficialista Partido Liberal de todas formas no saldrá beneficiado en los comicios, pese a que Micheletti hizo los esfuerzos para erradicar cualquier vínculo real o potencial hacia la izquierda latinoamericana que venía gestando Manuel Zelaya.

Por lo tanto, en el frente interno la "oposición nacionalista" -que es altamente cercana al sector de las Fuerzas Armadas- pareciera ser la más beneficiada con el quiebre constitucional que ha azotado al país centroamericano, ya que en este escenario su candidato se perfilaría como el próximo Presidente de la nación. Lobo Sosa es de la idea que tanto la imagen de Micheletti como la de Zelaya deben ser dejadas atrás y enfocarse sólo en el futuro de Honduras. Una opción respetable, pero ¿Qué sucederá con la situación de Honduras en el ámbito internacional? ¿Seguirá estando marginada de los organismos internacionales mientras no sea restituido Manuel Zelaya? ¿Zelaya seguirá desde la embajada brasileña llamando a la insurrección contra el nuevo mandatario hondureño? ¿Qué rol asumirá Micheletti cuando abandone el cargo? y sobre todo ¿Cómo se pronunciará la Cumbre Iberoamericana ante la crisis hondureña si hasta ahora la opinión de sus mandatarios se encuentra dividida?

En resumen, el pronóstico que observamos es exactamente el mismo que di en una columna anterior. La restitución de Manuel Zelaya es inviable; el estado de ingobernabilidad se mantendrá, las elecciones se realizarían de todas formas y Zelaya no podrá evitar que otro Presidente sea puesto en el cargo, porque evidentemente no podrá abandonar la sede diplomática brasileña si quiere asumir un rol opositor más activo. Hacerlo -y seguir en algún lugar de Honduras- sería ponerse a la merced de la justicia local. Lo que sí llama la atención, es que producto del Pacto Tegucigalpa-San José, los países en las últimas semanas tuvieron una leve, pero sostenida aprobación a la situación del país y por ende a la celebración de los comicios que se lleven a cabo.

De la forma en que se han suscitado los últimos acontecimientos, el estado de incertidumbre por el que atraviesa Honduras está lejos de terminar con la mera celebración de las elecciones. Lo que desde ahí se viva en los próximos meses, será clave para ver lo que le espera a la nación centroamericana, tanto interna como internacionalmente.

Por su parte, la Cumbre Iberoamericana -a partir de lo que mencionó su Secretaría General- no pareciera tener las ganas de pronunciarse mayormente respecto a la situación de Honduras porque en primer lugar, hay división en sus Estados miembro y segundo, hay una noción de respeto al proceso electoral que Honduras vivirá mañana, de manera que cualquier declaración a favor o en contra del proceso, no gozará de representatividad en sus miembros.

Finalmente, los preparativos que están haciendo tanto las fuerzas de seguridad hondureñas como los grupos pro-zelayistas están siendo repasados para las actividades de mañana domingo. Es de esperar que no se lamenten víctimas fatales durante las próximas horas, porque los hondureños bastante mal ya lo han pasado con toda la crisis política que sufren.

sábado, 21 de noviembre de 2009

El conflicto Colombia-Venezuela en el marco de los acuerdos de cooperación militar

El conflicto desatado entre Colombia y Venezuela tras el acuerdo de cooperación militar que Bogotá sostendrá con Washington durante los próximos diez años -donde Estados Unidos instalará bases en territorio colombiano para combatir el narcotráfico- ha seguido siendo un tema de especial interés regional en las reuniones que ha sostenido la Unión de Naciones Suramericanas. El último incidente que ha venido a la palestra en esta materia, es un bombardeo que fue ejecutado por efectivos de las fuerzas militares venezolanas a unos puentes fronterizos en el estado de Táchira, donde -según la información que maneja el régimen de Hugo Chávez- estos puentes eran utilizados por el narcotráfico y contrabandistas para penetrar en Venezuela. Lo cierto es que con esto se está configurando de manera muy negativa un conflicto que ya no parece ser potencial y tiene buenas aspiraciones de transformarse en uno real si no se toman las riendas a tiempo. Todo esto viene en un contexto de declaraciones que Caracas ha seguido manifestando con respecto a que es una amenaza abierta para la revolución bolivariana, el hecho que se instalen bases norteamericanas a sólo kilometros de su país.

Como sabemos, el debate de fondo que se ha instalado a nivel regional -especialmente en el marco del acuerdo de cooperación militar entre Colombia y Estados Unidos- es el hecho que guarda relación con la soberanía de los Estados. Los acuerdos de cooperación militar evidentemente se realizan entre Estados que poseen intereses comunes ya sea por motivos históricos o bien netamente coyunturales.

Como se dijo, resulta llamativo para la actualidad regional todo el debate que se ha instalado respecto a este fenómeno de no cooperación entre países latinoamericanos y las potencias extraregionales. Un fenómeno que a lo menos es contradictorio si consideramos que no solo los sistemas de armas son proveeídos por potencias extraregionales, sino que los acuerdos de cooperación militar (capacitación, ejercicios militares conjuntos) también se firman con ellos.

En cuanto a las bases norteamericanas en América Latina, recordaremos que Hugo Chávez -durante los diez años que lleva en el poder- nunca se pronunció mayormente sobre la antigua base del comando sur estadounidense que anteriormente se encontraba en la base de Manta, una región ubicada al norte de Ecuador. La decisión del Presidente ecuatoriano Rafael Correa de no renovar el contrato de cooperación militar con Estados Unidos, fue gratamente recibido por Venezuela. Con el contexto que se ha generado ahora, hay una oposición a la instalación de estas bases ya que -según el debate que se ha configurado- afecta la soberanía de los Estados. Pero esto va más allá de esas declaraciones, hay un tema de fondo mucho más serio: El que los Estados no estén dispuestos a ceder en sus decisiones soberanas respecto a los acuerdos de cooperación militar que puedan firmar con potencias extraregionales.

A nivel regional me centraré específicamente en los casos de Venezuela y Colombia. El régimen de Caracas ha adquirido una serie de acuerdos de cooperación militar con Rusia, que contemplaban entre ellos la compra de 100.000 fusiles "Kalashnikov" AK-103 y su posterior adquisición de la licencia para la fabricación en territorio venezolano de este tipo de fusiles y su respectiva munición, la compra de al menos nueve submarinos a Moscú, aviones Sukhoi-30, tanques T-72, misiles antiaéreos, en fin, un completo sistema de defensa. Pero ello no ha quedado ahí. También recordaremos que el año pasado, Venezuela realizó ejercicios militares conjuntos con la Armada Rusa en el Mar del Caribe, siendo la primera vez desde el término de la Guerra Fría que la flota rusa navegaba aguas de nuestra región. En esa ocasión, el ejercicio combinado se llamó "VenRus 2008" y contó con la participación de unos 1.700 efectivos rusos que recalaron en el Puerto de La Guaira -en cuatro buques de distintos propósitos- y poco más de 700 efectivos venezolanos de la Marina y la Fuerza Aérea. Ello incomodó tanto a personalidades políticas colombianas en ejercicio como a las en retiro, pero comprendieron perfectamente que Venezuela era soberana para realizar estos ejercicios conjuntos que se enmarcaban en un acuerdo de cooperación que contemplaba futuros ejercicios, ya sea en aguas del Caribe como en otras latitudes.

Colombia no se ha quedado atrás, ya que desde el año 2000 se ejecuta el "Plan Colombia" que contempla la cooperación militar entre Estados Unidos y el país cafetero para combatir el narcotráfico. En términos bastante ambiguos a mi juicio se refiere al monto del acuerdo que es cercano a los 8.000 millones de dólares, pero no estipula específicamente qué pertrechos o acciones se llevarán a cabo para combatir al narcotráfico, así como también quedan suspicacias si el acuerdo militar se quedará limitado al narcotráfico o si bien, puede exportarse al campo militar más formal.

Por otra parte, Colombia ha adquirido tanques AMX-30 a España y ya había manifestado su interés por comprarle a Chile los Leopard 1-V que serían dados de baja al entrar las nuevas flotas de Leopard 2A4 que se instalarían en diversos destacamentos a lo largo de nuestro país.

Por lo tanto, la voluntad que se tiene a ambos lados de la frontera colombo-venezolana, es que se tiene la plena convicción de no renunciar a acuerdos de cooperación militar que cada uno ha firmado con potencias foráneas y que de cierta forma en cada uno de esos casos han penetrado el espacio sudamericano. Mientras Bogotá trae a fuerzas norteamericanas a su territorio, Caracas invita a los rusos a realizar maniobras militares. El "equilibrio de poder" es algo que bien diagnosticó Hans Morgenthau en un marco de Guerra Fría, pero en la actualidad no hay hechos concretos que nos hagan pensar que esta práctica pueda terminar. Los intereses de Venezuela y Colombia son mutuamente excluyentes y no debería sorprendernos que este foco de tensión se siga manteniendo en el norte de Sudamérica.

Lo clave de esto, es cómo poder encauzar la tensión bajo el alero de instancias de integración como la UNASUR. El canciller ecuatoriano Fander Falconí ya había anunciado que el próximo viernes se reunirían en Quito los cancilleres y ministros de defensa del organismo regional para tratar los nuevos focos de tensión por el que pasa la región. La UNASUR como proyecto recién está aprendiendo a caminar, pero también sería beneficioso para la región mostrar una verdadera voluntad política para poner paños fríos en estas tensiones que pueden desencadenar en consecuencias devastadoras.

¿La próxima reunión en Quito quedará en el mismo estado que la anterior? Esperemos que no sea así.